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[miércoles, 22 de mayo de 2019]

¿Entiendes los comportamientos de tu gato? ¿Sabes reconocerlos?

Gato tranquilo

El gato relajado y tranquilo se desplaza con calma por su territorio. Su postura es erguida y su cola levantada, demostrando sus intenciones amistosas. Va explorando todo lo que se encuentra atentamente y con la curiosidad típica de un gato.

Cuando se encuentra tumbado, el gato relajado lo hará sobre su vientre o de lado, enseñando su abdomen y con la cola extendida. Acepta que nos acerquemos sin problema, pero tenemos que vigilar, que nos enseñe el vientre no siempre significa que esté dispuesto a que se lo acariciemos. Sólo a algunos gatos les gustan de estas caricias, pero la mayoría nos patearan con sus patas traseras e incluso nos marcarán para detenernos, respetémosles.

 

Gato alerta

Cuando el gato, en su desplazamiento, encuentra algo que le llama la atención y se pone en estado de alerta, su espalda se tensa levemente colocándose casi en paralelo con el suelo. A medida que esta tensión aumente, su cuerpo puede sufrir leves espasmos que nos irán informando de que la tensión va en aumento. 

Si el gato está tumbado, su cabeza suele elevarse con el objetivo de aumentar el campo de visión. La cola se aproxima más al cuerpo o la enrolla delante con un leve movimiento en la punta. Las patas traseras se mantienen dobladas dando la sensación de que en cualquier momento pueden iniciar el movimiento del gato si es necesario.

 

Gato nervioso o estresado

El gato nervioso, independientemente de si está en reposo o de pie, tendrá la parte trasera ligeramente más baja que la delantera, preparado para echar a correr en cualquier momento. Su respiración se verá acelerada y sus ojos presentarán una pupila dilatada. Todo en su organismo está preparado para poder dar una respuesta rápida ante el más mínimo estímulo. La cola suele moverse de lado a lado, con movimientos bruscos.

 

Gato con miedo

Cuando un gato comienza a asustarse y su miedo va en aumento reduce el tamaño hasta hacerse una bolita, su intención es hacerse más pequeño de lo que es. Todo su cuerpo se acerca al suelo y se redondea. El peso descansa sobre las puntas de las patas, rígidas y plegadas bajo su cuerpo, apenas visibles. Los músculos se tensan, es como si estuviera petrificado, su cola se adosa al cuerpo y se enrosca en las patas. Si el miedo va in crescendo su cuerpo puede manifestar temblores bien visibles.

 

Gato agresivo

A los gatos no les gustan los enfrentamientos directos, prefieren evitarlos, pero cuando un gato percibe que no puede huir, se preparará para defenderse de la mejor manera posible.

Su postura corporal es totalmente contraria a la del miedo, ahora ya no quiere ser pequeño, ahora el gato toma la decisión de parecer mucho más grande de lo que realmente es, por eso todo en su postura corporal tendrá ese objetivo. Sus patas se estirarán lo máximo posible y se juntarán en muy poco espacio, lo que le permitirá arquear el lomo pareciendo mucho más alto de lo que es.  Su pelo se erizará, contribuyendo a esta sensación. Para dejar claro a los ojos de su contrario su tamaño, el gato agresivo se mostrará de perfil para que su contrincante puede ver bien su gran tamaño. Es lo que se conoce como postura de gato de Halloween.

La agresividad en un gato tumbado se manifiesta cuando este se tumba ligeramente sobre un costado. Puede parecer un gesto de rendición, ya que a veces los humanos lo interpretamos como un ofrecimiento de sus zonas más vulnerables. Es un gran error, ya que el gato con esta postura está enseñándonos sus 18 garras, es decir todo su arsenal, todo lo contrario de lo que interpretamos, este error cuesta a nuestras manos muchos arañazos y mordiscos. Un  gato que se sienta amenazado y extremadamente asustado se revolcará para exponer el abdomen, con las cuatro patas listas para le defensa.